Del umbral de la muerte
(yo me creía inmortal)
fui alejada Esculapio:
por ti se detuvo el brazo de la Parca.
Pero la fuerza de mi cuerpo
la alegría de la mente
¿Quién me las devolverá?
Hiciste tu papel
y lo hiciste muy bien
los libros fueron nuestro vínculo.
Ahora te pido un esfuerzo más:
regálame un poco de tu risa
la fortaleza de tu cuerpo
la vívida chispa de tus ojos.
Desde la ventana el mar es sólo una postal
si me acerco a su espuma
si la dejo acariciarme los pies
la arena se desvanece
y la ola diminuta
me tumba.
La brisa sacude las palmas
una gaviota circunvala la bahía.
Es de mañana
y aquel paralítico aguarda
en su silla de ruedas.
La queja mía es injusta
más lo ha sido su suerte.
Sólo fuiste semidiós, Esculapio,
hijo de una ninfa y de Apolo:
nada te puedo exigir
más que el don de tu risa. |